Ana y Marc

De acuerdo, ya tengo 47 años y qué, tengo derecho a disfrutar del sexo. ¿Por qué me siento culpable de volver a salir con hombres? Tengo todo el derecho a seguir disfrutando, a sentir que mi cuerpo, mis emociones, siguen a flor de piel. Que siento mariposas en el estómago. Que me salen risitas tontas, en una palabra, que vuelvo a ser una adolescente de 47 años nada más y nada menos.

Ana

Por fin había aceptado a salir con ese pedazo de hombre que la estaba volviendo loca de remate.

Sabía que le había costado un poco leer entre líneas, pues Marc, le había dejado muchas señales, pero ella se encontraba demasiado desentrenada.

Después de pasar media vida con su marido, había perdido el contacto con el mundo exterior y mas concretamente con el mundo de las relaciones sentimentales.

Había llegado la hora señalada, las 9:00 de la noche, estaba como un auténtico flan.

No sabía sobre qué hablarían, dónde cenarían y la gran pregunta ¿Dónde dormiría esa noche?

Se dijo así misma, Ana, relájate, disfruta de esta noche que promete.

Y así fue.

Marc la llevó a cenar al restaurante mas de moda de la ciudad, siempre había deseado ir pero siempre ocurría algo que chafaba sus planes.

Cenaron, hablaron, rieron, intercambiaron diferentes puntos de vista que en determinados momentos parecía que la cosa se ponía fea…y por fin llegó el tan ansiado momento: ¿en tu casa o en la mía?

La respuesta fue: en casa de Marc.

De nuevo volvió a sentir mariposas en el estómago y su mantra era: déjate llevar, todo va a salir bien.

Marc fue directamente al grano, ya no aguantaba mas esa tensión que sentía por todo su cuerpo y mas concretamente en su entrepierna, estaba que iba a explotar en cualquier momento y esperaba poder aguantar.

Había deseado a Ana desde el primer momento que la vio entrar por la puerta de su oficina.

Su primer impulso fue abalanzarse sobre ella, pero de alguna manera pudo controlarse.

Ahora que por fin había accedido a salir con él, estaba muy nervioso, hacía tiempo que no sentía esa sensación, era rara para el y no supo cómo tenía que gestionarla.

Pero de una cosa se dio cuenta, que Ana estaba como el o peor así que pensó que eso era bueno.

Uno de los dos tenía que dar el primer paso.

Marc empezó a quitarse la chaqueta mientras se acercaba hacia ella, tenía que tocarla, acariciarla, saber qué sensación producen sus manos al tocar su piel.

Cuando empezó a tocarla, fue como el pistoletazo de salida para ambos, ya no había marcha atrás, pero descubrieron que tampoco querían.

Marc empezó a desnudarla, no solo con las manos, sino que también con los ojos y con la boca.

Ana sintió que se humedecía de los pies a la cabeza, parando en su centro mas íntimo. Y Marc sintió que su erección se hacía mucho mas palpable y que dolía y mucho. Tenía que hacer algo al respecto y pronto porque no aguantaría mucho más.

Hubo un instante de conexión profunda en el que ambos supieron que lo querían todo el uno del otro y a poder ser rápido, luego ya habría tiempo para los preliminares. Nadie les esperaba con lo cual tenían toda la noche para ellos, pero solo este momento para saciar un hambre que solo entre ellos podían hacerlo.

La penetración llegó tan rápida y a la vez tan suave que Ana pensaba que se iba a deshacer de gusto.

Ambos empezaron a moverse a un ritmo desenfrenado, pero tan rítmico que el placer que sentían el uno por el otro era mucho más que sexo.

La descarga les llegó a ambos de una manera armónica a la vez que inesperada, pero tan placentera que ambos se quedaron en silencio un largo rato.

Después, volvieron a mirarse y esta vez llegó todo con mas calma, pero con la misma pasión que habían puesto al principio.

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©Ziortza Castro Belaunde.

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