La perfección de lo imperfecto

Tenía que olvidarse de él de una vez por todas, sabía que lo suyo era imposible, lo único que le quedaban eran las fantasías que se montaba noche tras noche pensando en él, cómo la besaría por cada parte oculta de su cuerpo, cómo la acariciaría con esas manos, cómo harían el amor, seguramente con mucha intensidad y pasión, para terminar suavemente.

Siempre había querido hacerlo en la oficina, cuando todo estuviera en silencio, cuando lo único que existieran fueran ellos dos, nadie más en el mundo que ellos dos.

Quería sentarse encima de él, unirse a él, moverse a la par, para que el placer que ambos pudieran sentir fuera mutuo.

Quería untarse con chocolate todo el cuerpo para que pudiera lamerla como de una fresa se tratara.

Quería posar su boca en cada parte del cuerpo de él, sentir cómo se retorcía con sus caricias, con su boca comiéndole todo lo que podía ser comido.

Quería sudar a su lado.

Si este sueño pudiera hacerse realidad…daría todo lo que fuera por pasar una noche con él.

Por sentir sus cuerpos fusionados, por sentir que sus caricias llegaban tan lejos como el horizonte para no tener que llegar nunca a la orilla y poder así continuar eternamente.

Los sueños están para cumplirse, se dijo.

Pero, ¿Qué podía hacer ella para que se hicieran realidad?

Tenía la oficina, tenía la situación perfecta, pero le faltaba el coraje de decirle lo que sentía.

Tenía tanto miedo a poder ser rechazada…pero lo intentó igualmente.

Lo único que podía perder era su dignidad, pero solo ante ella misma, porque ¿qué significan los demás, cuando pretendes alcanzar tus metas sin lastimar a nadie?

Decidió dar el paso, decidió ir a por todas, decidió que si no miraba por ella misma, nadie más lo haría.

Se presentó en la oficina cuando todo el mundo se había marchado a sus respectivas vidas.

Solo quedaban él, ella y su dignidad.

Fue directa, precisa, clara y concisa:

Quiero hacer el amor contigo, quiero fundirme contigo, quiero, aunque solo sea por hoy, ser parte de ti.

Se que no soy tu tipo, se que tu tipo es una mujer cuyo cuerpo es mas alto y esbelto, se que tanto si aceptas como sino, mañana no podré mirarte a la cara, pero igualmente tengo que arriesgarme.

Si, dijo él, SI.

Te equivocas en muchas de las cosas que me acabas de decir, con las que acabas de etiquetarme.

Me gustan más las mujeres como TU, que las mujeres con las que me acabas de emparejar.

Me gustas TU, por que eres natural, sincera y absolutamente perfecta para mi.

Nuestros mundo son diferentes, pero en la diferencia esta la perfección.

Hagamos el amor, aquí, ahora, como ambos hemos imaginado este preciso momento.

Acóplate a mí y crucemos juntos la perfección de lo imperfecto.

Hagamos que nuestros deseos sean más fuertes que nuestros sueños.

Comencemos una nueva aventura dónde los únicos invitados seamos nosotros.

©Ziortza Castro Belaunde – Revista ieup

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