La nueva vida de mi madre

Nunca dejas de ser madre, solo aprendes a vivir de nuevo en un cuerpo diferente, con una mente diferente y con mucha mas sabiduría.

Ziortza Castro Belaunde

Caminaba por la orilla del mar, cuando un pensamiento llegó a mí.

Ese pensamiento me había estado rondando varias semanas atrás, pero no quería hacerle caso.

Ahora ya no tenía más remedio que coger al toro por lo cuernos y enfrentarme a mis hijos.

Tenía que contarles la verdad, tenían que saber qué es lo que me había estado sucediendo desde que ellos ya no vivían en casa.

Cómo explicarles que desde que ellos habían empezado a construir sus propias vidas lejos de casa, su madre había cambiado.

Al principio todo lo veía negro, muy negro, imagínate una vida viviendo para mis hijos, por mis hijos.

Pero de repente esa situación cambió, yo cambié y se que ellos no han entendido nada de lo que me ha sucedido.

Imagínate, su madre, la que siempre estaba para ellos cuando la necesitaban, la que siempre les tenía la merienda, la ropa limpia, palabras de amor, apoyo, la que los llevaba a las extraescolares y los acompañaba dónde ellos necesitaran.

Ahora esa madre, se había hecho totalmente independiente y lo último que quería es que vinieran a casa cada domingo para comer.

-Tengo que decirles que, aunque sean mis hijos no tienen derecho a saber qué es lo que hace su madre cada minuto del día, porque, al igual que ellos viven su vida y no quieren contar determinadas cosas, yo también tengo el derecho a guardarme lo mío.

Os voy a contar qué es lo que me ha cambiado, y pensaréis, seguro que es un hombre, pues no, son varios.

Un día, hace unos meses, decidí que ya era hora de salir del caparazón y enfrentarme a la vida. Si tan bien lo había hecho con mis hijos, también lo podría hacer para mí, solo tenía que esforzarme un poco y salir al mundo exterior.

Y así lo hice, me dirigí a una agencia de viajes especializada en viajes para personas sin pareja y mas concretamente en personas de 60 años más o menos.

Tenía muchas ganas de viajar a las Islas Griegas, tan blancas, tan mediterráneas y con tanta historia.

Este fue mi primer regalo de regreso al mundo, un viaje, más concretamente un crucero y no escatimé en detalles, fue a todo lujo.

Allí es donde conocí al primer hombre que entró en mi vida durante los siguientes 10 días que duró el crucero. Sin ataduras, sin promesas, solo el, yo, las Islas y Sexo, mucho sexo.

Imaginaros, un crucero por las Islas Griegas, con un acompañante, en el que ambos disfrutamos de paseos, cenas, playas paradisiacas y os preguntaréis, ¿y el sexo? Pues también, allí es donde lo volví a descubrir, con 60 años recién cumplidos, me volvía a sentir como una completa adolescente que piensa que esta haciendo algo malo, que emoción sentía. Por primera vez en mucho tiempo volví a sentirme viva de verdad.

El día era perfecto, pero las noches eran salvajes, a veces hacíamos tanto ruido que nos tocaban en las paredes del camarote para que nos calláramos.

Este hombre estaba muy vivo, solo tenía que tocarle para que su soldadito tomara el control de la situación y todo a nuestro alrededor se nublara, claro que yo también hacía lo mío. Aún recordaba como tocar a un hombre para que se excitara. También os digo que yo también soy mas sabia y se lo que quiero, cómo lo quiero. Le guiaba con su mano y con su boca para que hiciera todo lo que yo quería. Fueron 10 días de infarto.

Pero todo llega a su fin y ya de regreso a casa empecé a planear qué es lo próximo que quería hacer.

Entre las varias opciones que tenía, la que mas me llamaba la atención era ir cada día a un restaurante a comer, ya no tenía ganas de prepararme la comida, las cenas eran distintas, pero las comidas empecé a hacerlas fuera.

Empecé a frecuentar un restaurante de comida casera pero servido al estilo mas chic que te puedas imaginar.

Comida como la que preparo en mi casa, pero con un toque muy sofisticado.

Y aquí es donde entra el segundo hombre.

Le conocí de la manera mas tonta que te puedas imaginar, pero como digo, las cosas siempre ocurren por algo.

Como cada día, cuando termino de comer, reservo sitio para el día siguiente.

El caso es que la persona encargada de las reservas cometió un error, que fue reservar un plato mas a una hora donde las mesas estaban ya todas ocupadas.

Como llevaba ya unos meses yendo a comer, con mucha delicadeza, y apuro, me preguntaron si no me importaría dejar que una persona comiera conmigo ese día, puesto que habían cometido un error y el hombre en concreto también era una persona asidua, pero su horario era para las cenas.

De acuerdo pensé, veamos a ver dónde nos lleva esto y les dije que sin problema.

Sabía que lo que pudiera encontrarme podría gustarme o no, pero decidí arriesgarme.

Menudo riesgo, pensé, riesgos como estos quiero encontrarme todos los días.

Os pongo en situación: alto, con pelo (muy importante a estas edades, o no, dependerá un poco de cómo le quede la calva), una planta de infarto, unos dientes perfectos (también muy importante, pero a cualquier edad). Ahora solo quedaba otra prueba, y era su voz. Bueno, cuando abrió la boca…me conquistó, eso sí, solo para un tiempo, a mi edad no quiero ninguna atadura.

Aquí es donde empezó mi segundo romance. Este duró algo mas de 1 mes, ambos estábamos solteros y tampoco queríamos ningún compromiso a largo plazo.

Ambos teníamos hijos y queríamos que las cosas siguieran como estaban desde antes de conocernos.

Fue un mes dónde hicimos paracaidismo, viajamos a África a hacer un safari, (fui con todos los gastos pagados, así ya se puede). Me llevó a una cena benéfica y a otra de gala, conocí a gente que jamás en mi vida pensé que conocería.

Pero como habíamos decidido en su momento, pusimos fin a esta historia por la salud mental de los dos, empezábamos a congeniar demasiado bien y eso era lo que ambos habíamos evitado desde el principio.

Por cierto, os preguntaréis qué tal el sexo. Si con el del crucero fue excitante, con este fue apasionado.

En vez de ir a nuestras respectivas casas a retozar y a dormir, nos íbamos a un hotel. Allí las noches nos las tomábamos con calma mientras nos explorábamos mutuamente. Descubrí partes de mi que ni siquiera sabía que existían y mucho menos que provocaran tanto placer con solo tocarlas. Nos compramos varios geles íntimos de masaje para estimularnos y que la penetración fuera mas placentera…y que el chupa chups supiera a…os lo dejo a vuestra imaginación.

Como veis, cómo explicas esto a unos hijos que probablemente piensen que la vida de su madre se reduce a telenovelas, salir con las amigas a tomar un café e ir a pasear.

Tendré que hablarles de una manera sencilla a la vez que clara y directa, porque mi vida a los 60 años acaba de comenzar.

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©Ziortza Castro Belaunde.

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