Una vida junto al mar.

Voy a contaros la historia de Maya y Mario, la historia de una decisión que conduce a un amor fresco.

Ellos son jóvenes, desenfadados, cada uno con sus respectivas vidas, buenas vidas, necesitan un cambio para poder continuar, de lo contrario se quedarán anclados el resto de sus días en una vida de lo más predecible.

Se conocieron una tarde de domingo en la playa, en pleno verano.

Ambos habían ido solos a pasear, les encantaba el mar, sus olas, su tranquilidad, esa relajación que aporta cuando necesitas pensar.

Ambos estaban en un momento crucial de su vida.

Tenían que elegir entre seguir con su vida, su monótona vida o dar rienda suelta a su creatividad y comenzar de cero, bien en un nuevo trabajo, en una nueva ciudad o incluso en un nuevo país.

Maya, por sus circunstancias, se declinaba por comenzar en un nuevo trabajo, le daba miedo irse a un lugar fuera de su zona de confort por todos los gastos en los que se veía inmersa: la casa, el coche, todo ello necesario, puesto que había salido de casa muy pronto, a los 24 años, y ya tenía ganas de tener algo propio, algo a lo que pudiera llamar hogar.

Mario por su parte, era un alma libre, había preferido vivir de alquiler en vez de atarse a una hipoteca, su coche era de renting, con lo que no tenía nada a lo que aferrarse, pero la decisión de marcharse a otro país o a otra ciudad también le daba vértigo.

Entonces, ¿Qué podían hacer?

Era el momento de hacer el cambio que les acompañaría el resto de su vida.

Sin saberlo, se sentaron el uno al lado de la otra, pensando en nuevas posibilidades.

En un momento dado, dentro de sus pensamientos, se miraron y algo en ellos se activó.

Mario empezó a hablar sobre banalidades, sobre el mar, qué le inspiraba el gran azul, cómo le hacía liberarse de todos sus temores.

Maya le escuchaba muy atenta, pues el azul de los ojos de Mario le recordaba a ese mar el cual ambos estaban contemplando.

Cuando llegó el turno de Maya, le comentó que estaba indecisa, que tenía que tomar una decisión muy importante para su vida.

-Cuéntamela, dijo Mario.

-Estoy pensando en dejar mi trabajo para buscar uno nuevo que me llene desde el interior, pero a su vez, me gustaría que ese trabajo fuera lejos de aquí, de esta ciudad o incluso de este país.

Mario se vio reflejado en ese dilema que le atormentaba desde hacía unos días.

Ambos empezaron a exponer sus pros y sus contras, cuando en un momento de la conversación vieron que algo entre ellos había cambiado.

Después de pasar una tarde maravillosa hablando entre desconocidos, decidieron que se volverían a ver al día siguiente.

Habían aclarado mucho sus pensamientos, pero lo que realmente necesitaban era volver a verse.

Ver qué podía depararles el futuro incierto que se cernía sobre ellos.

Maya y Mario se vieron al día siguiente y al otro y al otro, hasta que un día sucedió.

El beso fue de escándalo, sus cuerpos encajaban como cada gota de agua del inmenso mar que tanto les gustaba contemplar.

Se dieron una oportunidad como pareja, como amantes, como amigos.

Les gustaba besarse en cualquier parte, les daba igual quién pudiera mirarles o quién estaba delante.

Hacían el amor siempre que tenían oportunidad y eso era todos los días puesto que Maya vivía sola.

Y decidieron irse fuera del país.

Buscaron una oportunidad laborar lo más alejada posible, se fueron a Finlandia, a ambos les encantaban esos paisajes tan abruptos y salvajes, y la idea de una civilización mucho más avanzada que en la que vivían.

Vendieron todo lo que tenían y comenzaron una nueva vida juntos.

Una vida que comenzó junto al mar.

©Ziortza Castro Belaunde – Revista ieup!

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