El amor. ¿Por qué nos ciega?

«El amor es ciego». Probablemente, más de alguna vez escuchaste este dicho y es que cuando nos enamoramos, percibimos las cosas de forma distinta. Lo cierto es que se trata de mucho más que un dicho popular. La ciencia ha dado pruebas de que el amor sí es ciego, ya que la naturaleza y nuestro cerebro se encargan de que en un principio no veamos los defectos del otro. Se trata de un rasgo evolutivo, que contribuye a preservar la especie subiendo las posibilidades de procreación.

La ciencia lleva años confirmando, a través de diversas investigaciones, que sí, que el amor es realmente ciego y que los “flechazos”, el amor a primera vista, también son reales. En tan solo un segundo nuestro cerebro ya puede vincularnos a otra persona y liberar al torrente sanguíneo sustancias que impactan a todo nuestro organismo (dopamina, serotonina, adrenalina, oxitocina, etc).

Nuestro camello cerebral, nos provee de sus más placenteras drogas endógenas. La noradrenalina, nos genera un estado eufórico, excitando nuestro cuerpo y dándonos una dosis de adrenalina natural. Es por esto por lo que enamorarse, podría considerarse deporte de riesgo. La dopamina, generadora de motivación, se divierte haciéndonos adictos al amor y, podría llevarnos a rozar la obsesión, de no ser por su aliada la oxitocina, que nos genera sensaciones de relajación y ayuda a forjar lazos afectivos. La serotonina, neurotransmisor de la felicidad, nos hace sentir que la vida es maravillosa, sobre todo si el enamoramiento es recíproco.

En definitiva, al enamorarnos nuestro cerebro le da prioridad al camino neuronal relacionado con las emociones positivas y al mismo tiempo bloquea el camino de las emociones negativas y de los mecanismos responsables de hacer evaluaciones criticas de otras personas.

En las relaciones sanas se ama a quien nos ama, las relaciones equilibradas, estables, y maduras mantienen una intención recíproca, donde ambos se respetan y se preocupan por igual uno del otro. Si no es así, todo este estado hedonista de obnubilación y deleite se transformará en una amarga frustración, estrés, ansiedad, tristeza, o lo que es peor, desesperación si no somos correspondidos.

«El amor no lastima a nadie, si sientes que has sido lastimado por el amor, es algo diferente dentro de ti lo que se ha lastimado, y no tu cualidad amorosa».

Osho

Por Ikerne Rosales, Bióloga.

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Fuentes:  https://lamenteesmaravillosa.com, https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/5082/, https://www.elmundo.es/vida-sana/mente/2016/02/13/56bc8a8222601d67098b45be.html

©Ikerne Rosales, Revista ieup!

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