El origen del retrete

El día 19 de noviembre celebramos en todo el planeta el Día Mundial del Retrete, este año bajo el lema «Cuando la naturaleza llama». Para muchos puede pasar desapercibido, pero el retrete es un avance higiénico y sostenible de toda sociedad desarrollada al prevenir enfermedades y contribuir a la mejora de los países.

          Siglos atrás, los romanos se acercaron mucho a la idea actual del inodoro con un sistema de letrinas públicas con agua corriente, que se llevaba de inmediato las deposiciones hacia una serie de cloacas subterráneas, de manera que los malos olores se mantenían en unos mínimos aceptables. Pero con la desaparición del Imperio Romano, este sistema dejó de usarse y durante siglos los orinales se vaciaron por las ventanas al grito de «¡Agua va! «, lo que favoreció propagar el tifus y toda clase de enfermedades contagiosas. Hasta que, en 1596, sir John Harrington, ahijado de la reina Isabel I, concibió́ un váter conectado a un depósito de agua que arrastraba los deshechos al ser descargado. Lo instaló en el palacio real, pero el invento nunca llegó a difundirse porque la reina le negó́ la patente para fabricar más.

          Debieron pasar casi dos siglos para que otro inglés, Alexander Cummings, retomara la idea e inventara el primer inodoro moderno. Este relojero de Londres patentó en 1775 un retrete cuyo funcionamiento se regía por el mismo principio que el de Harrington: una descarga de agua limpia arrastraba los desechos. Su gran innovación fue que el desagüe se hacía a través de un sifón, una tubería en forma de «S» que permite mantener el nivel de liquido en la taza, creando una barrera de agua limpia que impide que los malos olores retornen hacia el sanitario. Eso permitió́ instalar el retrete en la propia vivienda sin problemas.

Joseph Bramah, un ebanista que había instalado varias unidades del retrete de Cummings, se fijó́ en los defectos de su diseñó e ideó una válvula mucho más eficaz para cerrar el sifón, que se mantenía limpia gracias al flujo del agua. Bramah añadió́, además, una segunda válvula para cerrar la cisterna, evitando así las filtraciones.

          Albert Giblin creó un modelo en 1819 muy similar a los actuales, sin válvula en la taza. En 1849, Thomas Twyford fabricó los primeros inodoros de cerámica. Y en la década de 1880, Thomas Crapper, que había adquirido la patente de Giblin, inventó el flotante, el corcho que sirve para cerrar automáticamente el flujo del agua en la cisterna.

          Al final, tan importante como la invención del inodoro fue la aplicación de la ley del Parlamento británico de 1848 que obligó a instalar inodoros en las nuevas viviendas, aunque pasarían décadas antes de que el wáter closet o «armario del agua» llegara a todas las casas.

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©Ikerne Rosales

Fuentes: https://www.aguasresiduales.info/revista/noticias/nacimiento-evolucion-e-historia-del-retrete-FhfOO, http://www.unjubilado.info/el-nacimiento-del-inodoro/ y https://historia.nationalgeographic.com.es/a/nacimiento-inodoro_14927.

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